Otra noche me encuentro camino al hospital
nuevamente he de respirar ese maldito aroma a anestecia
una vez más me encerrarán en esas escalofriantes paredes blancas,
mi cuerpo tiembla de solo imaginar sentir una de esas incontables agujas
¡Oh! Esas estúpidas y aterradoras agujas,¡como las detesto!
Desde ya mismo puedo percibir el sonido que hace el plastico al ser retirado de ellas.
¡Me repugna todo! ¡Las jeringas! ¡las batas! ¡el suero! ¡las enfermeras que temerosas se acercan!
pero sobre todo...sobre todo odio aquella pestilencia fúnebre,es eso lo que me hace trizas,
cada vez que camino por los pasillos del hospital me respira la muerte
susurra a mis oidos y me abraza tan calidamente
que parece consumir lentamente cada rastro de vitalidad de mi ya moribunda carne.
Alguién llama a la puerta,mamá ha tomado las llaves.
Es hora de partir. . .
Emily Skellington
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